Iglesia de San Luis de los Franceses: la joya barroca escondida en Sevilla

agosto 28, 2026

Manuel Delgado

Iglesia de San Luis de los Franceses: la joya barroca escondida en Sevilla

Los hechos

  • Templo barroco construido por la Compañía de Jesús entre 1699 y 1731, obra de Leonardo de Figueroa.
  • Situado en la calle San Luis, 37, en pleno casco histórico de Sevilla.
  • Declarado Bien de Interés Cultural el 5 de abril de 1946, con código RI-51-0001201.
  • Reabierto al público el 6 de septiembre de 2016 tras años de restauración.
  • Gestionado hoy por la Diputación Provincial de Sevilla.

La iglesia de San Luis de los Franceses es un templo barroco del siglo XVIII construido por los jesuitas en el barrio de San Luis, en pleno centro histórico de Sevilla, y hoy es un espacio cultural visitable con cúpula, capilla doméstica y cripta.

Levantada por la Compañía de Jesús en pleno auge del barroco sevillano, la obra ocupó más de tres décadas y dejó uno de los conjuntos decorativos más completos de la ciudad. Su cúpula, visible desde buena parte del casco histórico de Sevilla, sigue siendo uno de los elementos que la identifican a distancia.

El edificio no fue solo iglesia: albergó un noviciado jesuita completo, con capilla propia para el culto interno. Esa doble condición —templo público y espacio privado de formación religiosa— explica la variedad de estancias que hoy se pueden recorrer.

Qué es y dónde está la iglesia de San Luis de los Franceses

El templo se encuentra en la calle San Luis, 37, en el Casco Antiguo de Sevilla (código postal 41003). La vía sobre la que se asienta no es una calle cualquiera: coincide con el trazado del antiguo Cardo Máximo de la Híspalis romana, el eje que estructuraba la ciudad hace casi dos mil años.

Administrativamente, el monumento pertenece al barrio de San Luis, dentro del centro histórico de Sevilla. Es Monumento declarado Bien de Interés Cultural desde el 5 de abril de 1946, con el código de registro RI-51-0001201.

Hoy la iglesia depende de la Diputación Provincial de Sevilla, responsable tanto de su conservación como de la organización de las visitas públicas.

Historia: de noviciado jesuita a monumento recuperado

Construcción y por qué lleva el nombre de San Luis

La Compañía de Jesús, presente en Sevilla desde 1554, encargó la construcción del templo, que se levantó entre 1699 y 1731 según proyecto del arquitecto Leonardo de Figueroa. Se inauguró en 1731 de la mano del arzobispo Luis de Salcedo y Azcona, sobre terrenos que antes pertenecieron al palacio de los Duques de Alcalá.

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El templo está dedicado a San Luis IX de Francia, rey francés del siglo XIII, hijo de Luis VIII y de Blanca de Castilla, y primo hermano de Fernando III el Santo —el monarca que reconquistó Sevilla—. Según la fuente Wikipedia, Luisa de Medina donó los terrenos con la condición de ser enterrada en la Capilla Mayor y de que el templo llevara el nombre de su santo patronímico.

A ese motivo se suma otro, de carácter político: los jesuitas buscaban el favor de la nueva dinastía Borbón, con Felipe V en el trono, en un momento en que su posición no era del todo segura. Ambas razones, la piadosa y la política, conviven en el origen del templo.

Expulsión de los jesuitas y usos posteriores

Una Real Orden de Carlos III expulsó a los jesuitas en 1767. Regresaron en 1817, pero fueron expulsados de forma definitiva en 1835. A partir de entonces, el antiguo noviciado conoció usos muy distintos: seminario, convento franciscano, hospital de venerables sacerdotes, fábrica ya en el siglo XIX y hospicio hasta los años 60 del siglo pasado.

Con el templo desacralizado, a principios del siglo XX llegó a funcionar incluso como teatro, con representaciones como Don Juan Tenorio sobre las tablas de lo que había sido una iglesia. Durante buena parte de ese periodo permaneció cerrada y sin culto.

Restauración y reapertura

La Diputación de Sevilla destina fondos a la recuperación del edificio desde 1984, con obras de restauración más recientes iniciadas en 2009. El templo reabrió al público el 6 de septiembre de 2016, con nueva iluminación instalada para la ocasión, tras la que los visitantes pudieron volver a recorrer sus espacios.

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Qué ver dentro: los tres espacios visitables

La cúpula y la nave principal

La cúpula translúcida mide 13,5 metros de diámetro y parece sostenida por 16 columnas salomónicas —8 exentas y 8 medias—, aunque el peso real recae sobre 4 pilares ahuecados que albergan capillas en su interior. La planta del templo dibuja una cruz griega.

La nave reúne retablos con espejos convexos venecianos de estaño y mercurio, maderas talladas con pan de oro, óleos sobre tabla y un órgano. Junto a la puerta principal destacan las pinturas de Domingo Martínez, realizadas entre 1743 y 1750, dedicadas a San Ignacio de Loyola. El retablo mayor combina un lienzo de San Luis de la escuela de Zurbarán, una Inmaculada de Duque Cornejo y una Virgen con el Niño manierista, anónima, de finales del siglo XVI.

La capilla doméstica

Se construyó veinte años antes que la iglesia principal, con nave única, y servía para el culto privado de novicios y sacerdotes. Está ricamente decorada, con pinturas murales de Domingo Martínez y un retablo de Duque Cornejo, y hoy está dedicada a la Virgen María. En el nivel superior, unos frescos de Lucas Valdés representan la eucaristía y episodios de la vida de María.

La cripta

Bajo el suelo de la nave principal se abre la cripta, un espacio funerario con la misma planta de cruz griega. Se concibió originalmente como cámara estanca, pensada para salvar el terreno cenagoso sobre el que se levanta el templo. Las obras de restauración la hicieron visitable por primera vez en tres siglos, y sacaron a la luz restos óseos de miembros de la comunidad jesuita.

Superficie total visitable

Entre la iglesia, la capilla doméstica y la cripta, el conjunto suma 2.200 metros cuadrados de patrimonio abiertos al público.

Los hechos

  • 2.200 metros cuadrados visitables entre los tres espacios.
  • Cúpula de 13,5 metros de diámetro sostenida por 4 pilares ahuecados.
  • Cripta accesible por primera vez en tres siglos.

Simbolismo: un edificio pensado para enseñar

La decoración del templo remite de forma explícita al Templo de Salomón: en la cúpula aparecen representados un candelabro de siete brazos, el altar de los perfumes y el arca de la alianza. Si se unen los puntos de la cúpula surge además un octógono, la llamada estrella de Salomón, motivo que se repite en distintos puntos del edificio.

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En la fachada, un escudo de España coronado por tres arcángeles —San Rafael, San Miguel y San Gabriel—, atribuido a Duque Cornejo, funciona como gesto de acercamiento jesuita a la monarquía española. Los espejos convexos de los retablos, por su parte, remiten al lema mariano Speculum sine macula.

Horarios, precio y datos prácticos para la visita

  • Horario de visita: de martes a domingo, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas.
  • Cerrado los lunes: conviene comprobar el horario actualizado en la web oficial antes de ir.
  • Dirección: calle San Luis, 37, Casco Antiguo, 41003 Sevilla.
  • Teléfono de contacto: +34 610 10 08 79.
  • Web oficial: dipusevilla.es/sanluisdelosfranceses.
  • Precio de la entrada: ninguna fuente lo especifica; conviene consultar las tarifas vigentes en la web oficial antes de la visita.

Consejos para aprovechar la visita

  • Llegar unos 15 minutos antes para pasar los controles de acceso sin prisas.
  • No perderse la capilla doméstica, el espacio privado del antiguo noviciado, especialmente cuidado en la restauración.
  • Aprovechar las visitas guiadas cuando estén disponibles: ayudan a entender la simbología del templo.
  • El edificio acoge también visitas teatralizadas, conciertos y otras actividades culturales puntuales; conviene consultar la programación en la web oficial.

La iglesia de San Luis de los Franceses reúne en un solo edificio tres siglos de historia sevillana, desde el noviciado jesuita hasta el teatro y el hospicio, antes de recuperar su función original en 2016. Quien se acerque al barrio de San Luis encontrará un monumento que sigue revelando detalles, dentro y fuera, a quien se toma el tiempo de mirarlo.