La Cartuja de Sevilla: historia de la fábrica de loza y su reactivación en 2026

agosto 4, 2026

Manuel Delgado

La Cartuja de Sevilla: historia de la fábrica de loza y su reactivación en 2026

Los hechos

  • La Cartuja de Sevilla es la marca de loza fina fundada en 1841 por el británico Charles Pickman en el antiguo monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas, en Sevilla.
  • El monasterio se sitúa en la Isla de la Cartuja, junto al Guadalquivir.
  • La empresa cerró su producción el pasado mes de octubre tras años de dificultades económicas.
  • Un grupo inversor encabezado por Gabriela y Paola Luksic y el empresario Javier Targhetta adquirió la fábrica y las marcas.
  • La producción actual se realiza en Salteras, no en el monasterio original, que hoy alberga otros usos culturales y científicos.

Qué es La Cartuja de Sevilla y de dónde viene su nombre

La Cartuja de Sevilla designa, en realidad, dos cosas distintas. Por un lado, el monasterio de Santa María de las Cuevas, un antiguo cenobio cartujo situado en la Isla de la Cartuja, en Sevilla. Por otro, la marca de vajillas que allí se instaló en 1841: una fábrica de loza fina que terminó dando nombre popular al conjunto.

La confusión tiene explicación histórica. Cuando la fábrica se instaló en el monasterio desamortizado, ambos nombres empezaron a usarse indistintamente. Hoy, quien pregunta por La Cartuja de Sevilla puede referirse tanto al enclave monástico como a la marca Pickman, y el contexto es el que aclara cuál de los dos.

Sevilla tenía ya una tradición alfarera anterior a la llegada de Pickman, ligada a las patronas de los alfareros, Santa Justa y Santa Rufina, veneradas desde el siglo III. La instalación de la fábrica no partió de cero: se apoyó en un oficio con raíces largas en la ciudad.

Los orígenes: de la tienda de Cádiz a la fábrica en el monasterio

La historia empieza en Cádiz, no en Sevilla. En 1810, William Pickman se establece allí y abre un comercio de loza y cristalería importadas de Inglaterra. A su muerte, en 1822, su hermano Charles Pickman llega desde Liverpool y continúa el negocio, que traslada a Sevilla, a la calle Gallegos.

Dos decisiones ajenas a la familia Pickman precipitan lo que vendría después. La primera es política: Cea Bermúdez prohíbe la importación de cerámica inglesa por los puertos mediterráneos, una medida proteccionista que empuja a Pickman a fabricar en España en lugar de seguir importando. La segunda es la desamortización de Mendizábal, en 1836, que libera bienes eclesiásticos y pone en el mercado edificios como el monasterio de Santa María de las Cuevas.

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Pickman solicita el monasterio tras descartar el convento de San Agustín, destinado entonces a presidio. La Real Orden del 4 de abril de 1839 le concede el edificio, y el primer horno se enciende el 1 de enero de 1841. Llegan 56 maestros británicos para poner en marcha la producción, aunque casi todos se marchan en diez años: los sevillanos aprenden el oficio con rapidez. En 1849, la fábrica cuenta ya con 22 hornos y unos 500 operarios.

Auge, premios internacionales y proveedor de la Casa Real

La calidad de la producción de La Cartuja se reconoce pronto fuera de España. La fábrica obtiene medallas de oro en la Exposición Universal de Londres de 1862 y en la de París de 1878, además de premios en París (1856 y 1867), Oporto (1865), Bayona (1864), Viena (1872), Filadelfia (1876) y Barcelona (1888).

En Sevilla, la marca también se distingue en la Exposición Agrícola-Industrial-Artística de 1858, en la Iberoamericana de 1929 y en la de Artesanía de 1949. Esta continuidad de reconocimientos, desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el XX, sitúa a La Cartuja entre las referencias cerámicas del país.

La marca se convierte en proveedora oficial de la Casa Real en 1871, durante el reinado de Amadeo I, quien concede a Carlos Pickman el título de marqués de Pickman el 11 de febrero de 1873. Este dato procede de Wikipedia como fuente única, por lo que se recoge aquí como referencia documental y no como hecho confirmado por varias fuentes. El 21 de febrero de 1899, la empresa se constituye formalmente como Sociedad Anónima.

Las vajillas que la hicieron famosa

La fórmula de la loza y el proceso de fabricación se han mantenido casi inalterados desde el origen, dos siglos después. El diseño combina el estilo inglés de partida con la decoración tradicional sevillana, una mezcla que explica buena parte de su identidad visual.

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Entre toda la producción histórica destaca una pieza: la vajilla 202 Rosa, creada en 1845, que sigue siendo la más popular de la marca. A lo largo de su historia, La Cartuja ha producido loza estampada, loza blanca de pedernal, loza decorada sobre barniz de calco, loza pintada y loza china opaca, un catálogo amplio que atraviesa distintas técnicas y épocas.

En años recientes, la marca ha sumado colaboraciones con creadores contemporáneos: la ilustradora Carmen García Huerta y el estudio Aaron Stewart Home, que reinterpretó la vajilla clásica Negro Vistas. Durante casi dos siglos, estas vajillas han vestido tanto mesas de familias reales como de hogares anónimos, en España y en Europa.

El cierre de 2025 y la reactivación de la fábrica en 2026

La fábrica cerró su producción el pasado mes de octubre, una decisión que causó gran pesar entre los admiradores del arte de la mesa. La causa fueron los vaivenes económicos acumulados: la empresa había llegado a solicitar un ERTE con la continuidad de la producción en el aire.

La reactivación llegó de la mano de un grupo inversor encabezado por Gabriela y Paola Luksic, junto al empresario español Javier Targhetta. La operación, formalizada en Sevilla, adquirió tanto las marcas como la fábrica, e incluyó el alquiler de la nave donde se ubica actualmente la producción, lo que asegura la continuidad en su enclave histórico. La adjudicación judicial se cerró por 225.000 euros.

Según informaciones de El Confidencial, la inversión global prevista asciende a 1,6 millones de euros, entre costes de puesta en marcha y compromisos laborales. Se alcanzó además un acuerdo con los representantes de los trabajadores para prorrogar el ERTE dos meses más, una medida que afecta a 30 trabajadores mientras se prepara el reinicio de la producción.

Los hechos

  • El reinicio de la actividad estaba previsto en un plazo de unos meses desde el acuerdo, sin que la fuente precise una fecha exacta.
  • Los nuevos inversores planean una implantación industrial más moderna y de mayor capacidad.
  • Se mantienen las vajillas tradicionales de inspiración inglesa que definen la marca.

Conviene no dar por hecho que la fábrica ya ha reabierto: la reactivación estaba en marcha, con un reinicio de la producción previsto en los meses siguientes al acuerdo, sin que se conozca una fecha de apertura definitiva.

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Qué es hoy la Isla de la Cartuja: más allá de la fábrica

La producción de loza de La Cartuja ya no se realiza en el monasterio original, sino en el municipio de Salteras, en la provincia de Sevilla. El edificio monacal, restaurado, sirvió de Pabellón Real durante la Exposición Universal de 1992, un episodio que marcó su segunda vida como espacio cultural.

Los antiguos hornos de botella de ladrillo de la fábrica inspiraron el diseño del Pabellón de Europa de la Expo 92, hoy sede administrativa de Cartuja 93 S.A., la sociedad gestora del Parque Científico y Tecnológico Cartuja. En el mismo enclave se ubica también el Estadio La Cartuja, centro deportivo de referencia nacional e internacional.

El estadio se ha convertido, además, en un centro empresarial multidisciplinar: más de 25.000 m² que incluyen un hotel de cuatro estrellas, el Hotel Isla Cartuja, una clínica Diaverum, el primer centro Crossfit oficial de Andalucía, Crossfit La Forja, y varios espacios de restauración. Cuenta también con una instalación de energías renovables, con una producción estimada de 521.588 kWh al año, equivalente a evitar 135.613 kg de CO2 anuales, una cifra que el propio estadio compara con la de plantar 6.781 árboles.

De monasterio a fábrica, y de fábrica a distrito cultural, científico y deportivo: la Isla de la Cartuja ha cambiado de función varias veces sin perder su nombre. La marca Pickman, con la reactivación en marcha, añade ahora un nuevo capítulo a esa historia.